domingo, octubre 08, 2006

 

Ozymandias



"hoy nos cuenta tus glorias olvidadas
la brisa que solloza en tus escombros."

-- Salomé Ureña

La ciudad colonial de Santo Domingo de Guzmán era el urbanismo ejemplar del Nuevo Mundo. Su traza cuadricular y sus calles rectas incorporaron el nuevo concepto de la modernidad y del mercantilismo que impelía la Época de Exploración. Pero mientras los conquistadores planteaban su reino de ganancias y pérdidas, los frailes se pusieron a construir un nuevo Vaticano, o sea la sede religiosa de donde salía la influencia papal para administrar el Nuevo Mundo y reclamarlo en el nombre de dios. Entonces habían dos motivos contrarios que gobernaron a la gente. El imperio español tenía la cara de Janus, con un ojo clavado en el porvenir, y otro en el pasado y a la sabiduría del Antiguo Mundo. Aquí el nuevo humanismo y la escolástica se oponían en lucha por las almas del pueblo. Entonces, la arquitectura bélica de la ciudad también tenía su aspecto espiritual. Rodeada de un muro defensivo, la ciudad tenía a la vez una cadena de iglesias que protegían a los forasteros en tierra ajena. Nunca se había visto tal ciudad. Se ubicó en la orilla del hemisferio, entre lo que ya era conocido y lo que quedó por descubrirse. Era la octava maravilla del mundo.

Despues del siglo XVI, la ciudad se volvió un lugar atrasado y empobrecido con pocos habitantes. El imperio había echado su mirada sobre el tesoro de México y de Perú, y condenó a la isla a una temporada del olvido. Cuando el imperio se fue, también se trasladó la sede eclesiástica, y en México se construyó una catedral aún más grande que la de Santo Domingo.

I met a traveller from an antique land
Who said: "Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown
And wrinkled lip and sneer of cold command
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them and the heart that fed.
And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, King of Kings:
Look on my works, ye mighty, and despair!”
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare,
The lone and level sands stretch far away.

Este lugar no es un desolado desierto, sino una comunidad viva y vivaz que perdura sobre los restos de una civilización quijotesca. Los conquistadores destrozaron la sociedad taina, pero también construyeron aquí el primer hospital, expresión de un humanismo que hizo que el hombre fuera la medida de todas las cosas. Vivimos hoy en día entre las ruinas de su ambición imperialista, las cuales ahora forman un paisaje pintoresco para el turismo – una manera de viajar muy frívola a diferencia de las aventuras de Cristóbal Colón. Tal vez los turistas carecen de imaginación o de atrevimiento, pero es por viajar en busca de momentos de ocio. Llegan aquí para conquistar a una chica y apenas piensan en conquistar un mundo. Pero entre ellos, hay algunos que contemplan estos mudos restos y paran, siquiera sea por un momento, para interpretar el secreto que las ruinas ocultan: todo evanesce, todas las obras de la humanidad se desmoronan y todos sus sueños esfuman. Pero en las ruinas se halla el nido del fénix.

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