jueves, septiembre 28, 2006

 

el agua sagrada de los liboristas


 

El Camino de los Negros


Un brujo una vez explicó la naturaleza de su práctica religiosa, y dijo, "los blancos tienen su manera, . . . pero los negros andan por otro camino."

La vida religiosa de la gente de La Española, esa falsa India que Cristóbal Colón con gran insistencia llevó a la luz del escrutineo europeo, es un mestizaje de las culturas formativas del Nuevo Mundo. Africa, la “India” y Europa chocaron por la extracción de oro y el cultivo de la caña, imperativo económico inflado por una violenta arrogancia hacia todo lo que estaba en el camino de la conquista. La intolerancia religiosa y el genocidio acompañaron una petulancia belicista contra la tierra misma: la caña estrangulando el suelo, el oro desgarrándose de sus entrañas, y la caoba y el guayacán rasgandose de los bosques.

Pero la isla era rebelde y había resistencia tanto espiritual como marcial: los palenques de los cimarones, apenas fuera del alcance de las ciudades de la llanura, encontraron su contraparte espiritual en los dioses mercuriales de los mulatos, sus altares a plena vista y aún así fuera de los limites ortodoxos, y mas aún invisibles. Esta duplicidad, digna de los patriarcas, era el medio por el cual los forasteros sobrevivieron en una tierra extraña, caminando con un par de ojos en la nuca, vivieron su éxodo por la ironía de cada palabra, cada gesto, cada mirada que habló sobre una misteriosa e ilícita promesa, que solamente se cumplía fuera de la ciudad amurallada, en el desierto, la montaña, los ardientes matorrales del trópico.

La violencia está presente en los objetos diarios de la vida dominicana: el machete que derrama la savia de las matas o la sangre de un enemigo; el ron que aplaca el sufrimiento o aviva la ira de una borrachera; el azúcar, aromática producción que aún mantiene a millares en una virtual esclavitud. El conflicto es un tema inherente de la adoración ritual aquí. En semana santa, los “gagá” – bandas ambulantes de carnaval – salen de los campos de caña y se pelean la una contra la otra para dominar el camino. Los “poseídos”—aquellos “caballos” montados por los “luases” o los misterios convocados en los ritos de vodú, son forzados a entregar su cuerpo y su mente al poder del espíritu invasor. La familia en luto toma medidas para asegurar una rápida salida del alma querida, no vaya a ser que se tarde y les traiga la desgracia.

Pero su brillante y ecléctica vida ritual transforma esta violencia en catarsis, el camino a la redención, la salida. Y el peculiar símbolo que une a los distintos cultos y prácticas rituales, sea el vodú, gagá, brujería, cofradía, o simplemente las interpretaciónes locales del catolicismo, es el camino que conduce al peregrino a su recompensa—aquella promesa garantizada por los poderes ocultos que vigilan el orden inexplicable de las cosas.

El “camino” es sufrimiento y liberación, ignorancia y aclaración, abstinencia y abundancia. Es travesía de engrillados sobre aguas turbulentes, y un vuelo suelto a través de ardientes arenas. Son 18 kilómetros de polvo y calor, de andar descalza por un brusco sendero al lado de la montaña. En la cumbre están cantar, bailar y agua limpia que salta de la roca. Al fijar un pie en el camino se experimenta una transformación fundamental, escapando, por un instante, del Yo y la circunstancia. El roce de los pies sobre pedregosos senderos, la llamada y la respuesta de los suplicantes, el relincho de burros y caballos, los chillidos de las ruedas de vehículos sobrecargados– este clamor de lucha hace eco por los corredores de la historia y resuena con la fuerza suficiente para romper en pedazos los muros de la experiencia y tumbar las ciudades de la llanura. La revelación cobra con sangre, sudor, y sumisión, y sobreviene a aquellos que andan mas allá de todo lo que saben.

sábado, septiembre 23, 2006

 

otro sueño electrotropical


lunes, septiembre 18, 2006

 

la ciudad colonial . . .



vestida de noche . . .

domingo, septiembre 17, 2006

 

de mis sueños electrotropicales


sábado, septiembre 16, 2006

 

Amores Perros: Love’s a bitch

He aquí el nuevo chisme de mi pueblo: el famoso Chaguito ya está cogiendo perras otra vez. Se encontró en la finca de un señor que vive en un pueblo cercano. Parece que Chaguito se enamora tanto de las vacas y de las perras que el anhelo lo obliga a andar fuera de su pueblo en busca de ese amor tabú. Ya ha conocido las bestias de su vecindario y los vecinos no le permiten acercarselas más. Se dice que tuvo una esposa, una mujer muy linda, pero la perdió por su mala maña. Le enfermó a ella dandole una asquerosa infección, y ella lo dejó despues.

Una noche la gana de fornicar le agarró con tanta fuerza que no la podía negar, quizás por el tiempo que había transcurrido sin cariciar el pelaje, o por su soledad, o por el joder inexplicable del cosmos – ya sabes que el destino es travieso. Así que anduvo a escondidas buscando a esa perra que le esperaba como una sirena del mar que atrapa a los marineros perdidos en tenebrosas aguas, una encantadora que fascina con su cantar (o sea su ladrar). Chaguito se acercó a la finca, latía su corazón, respiraba rapidamente. La perra no ladró. Parece que ningun criatura ladró, gemió, cacareó o pitó. Tal vez lo conocieron ya y anticipaban sus visitas nocturnas porque preferían sus tiernas caricias a los golpes y las palabrotas del dueño.

Lamentablemente, aunque las bestias no señalaron su presencia, algo debe haberlo avisado al dueño, que salió de su casa en esta noche fatídica para encontrar a Chaguito cogiendo a su perra favorita. No le disparó con su escopeta porque lo reconoció a pesar de que la cara del hombre, en el calor del momento, se veía muy torcida y colorada por su esfuerzo ardiente. Aun así le asustó tanto que Chaguito se levantó de un salto y salió huyendo en pánico. Dejó las ropas llenas de paja mientras el desgraciado tuvo que volver a casa andando desnuda por la loma. Como llegó a su pueblo sin que nadie le observara es un milagro que implica que aun a los pecadores no les falta un toque de gracia . . . .

Al dia siguiente, el dueño de la finca mostraba a toda la gente las ropas de este maldito, contandoles lo que sucedió y como pensó del sinvergüenza que anda así cogiendo las perras – un bestia, un pervertido, un bruto que no sabe controlarse. No obstante, por raro que parezca, este comportamiento tiene larga historia y constituye la iniciación sexual por muchos jovenes del campo. Son muchos los peones que se han enamorado de su ganado. El distinguido autor cubano, Reinaldo Arenas, habla en su autobiografía de los días que pasó con sus amiguitos cogiendo las vacas. Los griegos clasificaron las formas del amor: filos, agape, eros y lo demás. Pensaron que el amor erótico era de una clase inferior, pero no negaron que también era la mayor fuerza de harmonía cósmica porque es lo que se une todo. Se dice que el perro es el mejor amigo del hombre, así que puede ser que el amor bestial es a la vez un cariño amigable, y segun Aristóteles la amistad es el amor mas valioso.

Segun el agricultor, este amor es imperdonable y su perra le ha decepcionado. Piensa en botar la perra.

lunes, septiembre 11, 2006

 

A partir de cero



And we are here as on a darkling plain/Swept with confused alarms of struggle and flight, Where ignorant armies clash by night.


Llega el anniversario de 9/11 y las revistas están pidiendo las fotos que tomé en ese día extraordinario. De todas las consecuencias de ese apocalipsis, ¿cuál es la mas importante? ¿La guerra en Afganistán, la invasión de Irak? ¿La pérdida de libertad y el ambiente de paranoia producido por las medidas de seguridad, o el vilipendiar del mundo árabe? ¿La muerte de inocentes en esos países y ahora en el Líbano y en Gaza? Recojo la cajita en la cual guardo mis fotos, imagenes del clamor y incendio, del humo y de la ceguera, y me pongo a revisarlas. Estas fotos me salieron caro, me cobraron con mi salud.

Tomaba el café que me suele despertar de mañana cuando escuché las noticias: un avion chocó con una de las Torres Gemelas. Otro avion chocó. Estoy manejando como un loco en la carretera Henry Hudson, hasta la calle 42 que la policia ha cerrado con barricadas, y dejo el carro ahí mismo, corriendo con rumbo a las torres mientras la gente huye en dirección contraria. Paso el día atrapado en un círculo vicioso: infiltro en la zona hasta que la policia y los bomberos, enfurecidos por desesperación y rencor, me boten mientras me dan patadas y bofetadas. Al anochecer, escondido en una ambulancia, entro una vez más en las ruinas. El espectáculo que se me presenta me recuerda de las imágenes de la segunda guerra mundial, y la desolación es aún más terrible que esta pasmosa caída. La nada era absoluta y aplastante.

Hay una clínica establecida por el hospital Mt Sinai que trata las enfermedades causadas por el humo venenoso que sofocaba a la gente en “ground zero,” la zona cero. Después de padecer de bronquitis cronica y una pulmonía que me tumbó, voy en busca de su ayuda. Me dan muchos examenes, rayos-X, pruebas de respiración y un análisis de sangre. Me dicen que mis pulmones tienen cicatrices y están hinchados. Me dan Advair. También me dan un examen psicológico. “¿duerme bien?” “¿come bien?” “¿se siente preocupado?” “¿nervioso?” --Oiga, doctor, no necesito psicología. No tengo la mente torcida de ninguna manera. En ese momento de aniquilación y pérdida de tantas vidas, me quedé firme porque al sacar las fotos también saqué provecho del momento para rescatar al sentido del caos. La vida continua. Nació mi hija Emily Anacaona en aquel entonces.

Ante la espantosa negación total de este acto, me pregunto ¿que fue lo que pasó? ¿Que significa este golpe tan enorme en su odio y tan mezquino en su falta de comprensión? ¿Como se puede entender algo que sucede fuera de la norma, fuera del sentimiento, y fuera del sentido? Mi memoria circula por la sucia oscuridad de esta noche y la única cosa que se me plasma es un gesto a la vez humilde, humano, y sumamente significativo: cuando apareció el primer afiche en ese muro que luego fue nombrado “The Wall of Prayer,” noticia de un ser amado, con letras sencillas y lastimosas: Desaparecido . . . Perdido . . . Busco . . . ¿Has visto a fulano? Hablan de los vivientes, no de los muertos. La esperanza era un golpe tan fuerte como la destrución. En ese momento volvieron el sentido y el cariño y los enlaces multitudinarios que confirman el valor de cada individuo. Mas vale el individuo que la nación, mas vale fulano a mi lado que un concepto ideológico, tal como el "occidente" o la "democracia," que no se percibe por los sentidos. Y no es que crea en el individualismo; al contrario, es que un individuo es algo pequeño, falible, real, conocido. Las naciones y sus lemas como “war against terrorism” me parecen una abstracción inhumana. No tiene sangre, no es mortal. El reto o digo la consecuencia mas importante de este día es recuperar los enlaces frágiles y humanos que componen la civilización. Las guerras en el extranjero, las oraciones inspiradoras, la lucha de naciones no cuentan para nada en comparación con la lucha de esas familias cuyos amados se han arrancado de su abrazo vital.

sábado, septiembre 09, 2006

 

Los Olvidados


El modelo de desarrollo de cada civilización emana de los recursos de su tierra. Si no fuera por el humilde bacalao, la industria pescadora del noreste de los Estados Unidos no se habría desarrollado y el famoso "yanqui" no habría nacido, al menos, no de la misma manera. Su cultura y sus valores salieron de esa industria. Eran pescadores, callados y constantes como el Océano.

Nosotros, los caribeños también tenemos nuestra propia historia económica que forjó una cultura fuerte y que por desgracia o por fortuna, apoyó la economía de los imperios europeos. El cultivo de la caña no solo enriqueció a los países europeos, sino que además transformó sus gustos, su dieta, aun la forma de ser de la gente, y en el proceso trituró los pueblos desarraigados que labraban la tierra - en su primera etapa: Tainos, Congoleños y otros Africanos. Ramón Marrero Aristy, autor dominicano, escribió: "La historia de tu pueblo, la de tu región, es la de la caña."

En su posterior etapa, el azúcar caribeño era mayormente una industria norteamericana, aunque empezó en los años 1870s con una mezcla de cubanos, alemanes y norteamericanos. En los bateyes que hicieron los "misters" habitaba una multitud de babel: Cocolos de St. Kitts, Barbados, Jamaica y otras islas anglo parlantes; gallegos de España; dominicanos; cubanos y haitianos. Sin embargo, el ingenio los molió a todos. Más algo quedó dentro de ellos que no fue triturado por el engranaje. De este sabroso melao humano surgió una cultura que consta de las ideas y las figuras más perdurables del caribe. Esta cultura mestiza arrebató la alegría de su sufrimiento y la fuerza nervuda de su opresión, convirtiendo las cadenas de los bateyes en adornos, sus gritos en canto meloso y su labor cotidiana en música suave y baile cadencioso. "Escuchad la canción deliciosa de los ingenios de azúcar y de alcohol" (Pedro Mir).

Ahora el azúcar no manda, los braceros no cortan, los bateyes no cuentan. Ahora las chimeneas de los ingenios no arrojan el humo de los furgones en que se hierve el guarapo, y el olor del aire melcochado no endulza el suspiro de los que comen la tierra amarga. Ahora el caribe fabrica otra forma de dulzura - playas bonitas, complejos turísticos, ocio lujoso. Y los bateyes están olvidados . . .

La migración de los Haitianos a través de la frontera no empezó con la zafra, pero no pasó mucho tiempo para que la zafra se convirtiera en "la invitación abierta" que aumentaría su flujo, hasta que finalmente fueron los haitianos quienes componían la mayoría de los braceros. Este arreglo creado por los "misters" del norte y confirmado en la Hispaniola por Trujillo y Duvalier dejó mucho tiempo atrás de tener sentido en nuestra economía. El corte de la caña ha sido sustituido por largas jornadas en los campos, sembrando semillas en las fincas o golpeando el fuerte martillo de las construcciones. Y es que, la puerta no está del todo cerrada. Un torrente de refugiados haitianos huye diariamente del caos económico y político, buscando su mejoría y dejando a República Dominicana sin medios para solucionarlo. Los bateyes perduran como un triste recuerdo mudo de la historia caribeña en que todos nosotros compartimos cuando consumimos los cristales dorados de nuestra querida azúcar crema.

Las nuevas encuestas nos dicen que el setenta porciento de los que viven en los bateyes son dominicanos. No les llamemos "los negritos del batey," ni "los haitianos"; será mejor llamarles "Los Olvidados" porque existen en el limbo de la memoria. En esos bateyes se encuentran nuestros hermanos y hermanas. Estas fotografías reflejan los rostros de los que comparten nuestra cultura, nuestra historia, nuestros valores--caribeños todos. Como dijo un bracero, "Todos tenemos la misma sangre; somos iguales."

 

al azar


Mientras los gringos llegan a nuestras playas o se tiran a nuestras chicas, muy pocos quedan para conocer el pais. Tampoco le interesa mucho el pais al tribu de fotoperiodistas internacionales que prefiere ir a Haiti, donde el caos les brinda las fotos de la miseria mas asombrosa, o a Cuba, donde la política ha confundido los yanquis por medio siglo, y los fotógrafos se alegran encontrar un mundo de automoviles antiguos y edificios desmoronandose a la pintoresca. Tales viajeros andan donde otros ya han hecho caminos; pero a mí me gusta ir al azar donde no se sabe lo que se encuentra, ir al rumbo donde el camino se hace al andar.

Se acabó la época de exploración en que vivían extravagantes como Richard Burton, con la pistola en la mano y el árabe en la lengua, que podía viajar a Mecca disfrazado de nómada y ser primer infiel a tocar la Piedra Negra. Escribió narrativos eruditos y también cuentos mágicos y eroticos. En comparación con los cuentos de hoy, eran mas amplios, mas comprensivos, y mas impresionantes. Hoy en día los recuentos de viajes se escriben de manera estridente, porque de todos los secretos que descubren no quieren soltar el secreto mas espantoso, que no hay mas secretos, que todo se sabe ya. Por emocionante que esté, el narrativo suena mas chillon y desesperado en su busca de lo risible o lo pasmado. Los relatos son disparates, y el trompo en que giramos también se ha vuelto una cosa muy disminuida. Viajar es cuestión de horas no de semanas, meses, o años.

Las naciones desarrolladas han logrado rodear de un capullo a sus ciudadanos, quienes no sienten ni conocen las bofetadas de una realidad exigente. Su comida es una alimentación procesada hasta quedar irreconocible. La gente come pollo sin saber que tenía huesos. Leí en el periodico NY Times que el pueblo de Cayo Oueste se quedó tostón por el choque con una banda de gallos andando sueltos en las calles. El transito paraba, los caminantes abandonaban las aceras, y el ayuntamiento convocaba algunas reuniónes, mientras la gente discutía los remedios mas adecuados, o acabar con ellos con golpes de escobas y palos, o pedir el apoyo del ASPCA y trasladarlos a otra zona. Se dice que una mujer encontró un gallo en su patio y por temor se le fue huyendo a su casa donde quedó temblando atras de las puertas. Es absurdo que el dominio de estos simios que se creen seres humanos volvióse un gallinero donde mandaban los gallos que miden na’ mas que un pie de altura.

Hasta la muerte no se conoce por los gringos, tan de repente se le entrega el cadaver grosero al hospital o funeraria antes de que haya inconveniencia para desgraciar a la gente. ¿Que vale la vida si la muerte se despoja de su significado?

Por no comer mas pendejadas, me puse a viajar en busca de lo que mejor se describe como la "diferencia." Me gustaría decirles que llegué a propósito a Santo Domingo con objetivos claros y bien definidos; pero no fue así. Llegué a la isla por azar, y llevaba varios años antes de que formara un diseño perceptible en el cual podía ver, como debajo de la superficie de las aguas turbulentas, los motivos ocultos de una vida nómada. Azararse por la vida, vagabundear, divagar, es algo poco valorado por la gente de donde soy; segun ellos es imprudencia. Pero mi vagabundeo me ha llevado donde ninguna planificación me habria podido dirigir.

El famoso filósofo y escritor Michel de Montaigne escribía sus breves observaciones cuando los imperios europeos conquistaron el Nuevo Mundo, el mismo en que me encuentro tantos años después. A sus escritos les llamó ensayos por ser experimentos intellectuales en los cuales probía la verdad, el valor y el significado de la experiencia. Por eso sus escritos andan a la culebra, las ideas giran, se desvian, y saltan. Son muy contrarios, y muy irónicos. “Si la mente pudiera fijarse, no haría ensayos, haría decisiones; pero hace siempre su aprendizaje y está a prueba.” En los dibujos que sigan, sean de letras o de luz y sombra, intento trazar las cicatrices que ha dejado el transcurso del tiempo. No busco lo real platónico, sino lo fugaz. Lo que cuenta es que el interrogatorio sea imaginativo y incansable.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?